Te escondes, acechando, tras un kiosko, una nota, una sonrisa. Te pavoneas, pensando que no te veo. Danzas y, agitando tus alas, tratas de llamar mi atención... Pero estas lejos y hasta para ti es difícil balancear las hojas del laurel...

Te escucho. Paso por delante sin detenerme, porque te confundes con el resto de las aves, a pesar de tu rostro humano, a pesar de la majestuosidad de tus coloridas plumas...
Y saltas. Y escondes tus alas. Y sacas el laúd. Y entonas un hermoso canto. Y chapoteas en el agua, para reclamar la atención. Y por un instante el sol se nubla ante una voz tan envolvente que se apropia de la luz y de la sombra; del silencio y del rugido más profundo. Y el sonido irresistible ralentiza mi paso... aunque no lo detiene. Y no hace falta que utilice cera, ni que un cable de acero me sostenga al más alto mástil..., porque hoy la primavera lo inunda todo y nunca fue fácil tapar el sol con un solo dedo...

¿Mañana...?
...Tal vez siga haciendo sol.
Tal vez esté nublado...