lunes, enero 15, 2007

1096


Lo miraba absorto, intentando alejarse lo suficiente como para alcanzar una distancia que no cegara su juicio. El pincel giraba inconscientemente entre sus dedos. La claridad del día llenaba por completo la estancia. Una vela, casi consumida, exhalaba sus últimas bocanadas de penetrante aroma.


Ya no recordaba como lo había comenzado. Tal vez no quería perpetuarlo en su mente, en su vida... Cada color que aquel lienzo mostraba, llevaba prendido un intenso tiempo que ya no volvería, que jamás podría recuperar. Prisas, silencios, dudas, risas, incertidumbres. No quería valorar si era su mejor obra. Carecía de importancia. Había llegado el momento de limpiar el pincel; de comenzar en un lienzo inmaculado. Se giró sobre él mismo y le dio la espalda, caminó lentamente, como no queriendo separarse de él, a pesar de todo. Se paró. Volvió sobre sus pasos, lo miró por última vez y, suavemente, dejó caer el lino sobre él...



2 Comments:

Blogger Serbal ...

Bello pensamiento de Buda y un relato que nos invita a reflexionar, mirar el presente como nuevo lienzo sin mirar atras.
Un beso

15/1/07 16:10  
Blogger 25palabras ...

qué bueno

15/1/07 18:56  

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